Circuito Temático de Tapia
Salimos
en coche de Tapia, concretamente de la zona
de Represas -antiguo camino real-, donde está
ubicado el castro del Toxal (es conocido que
el origen de Tapia está en este antiguo
asentamiento). En el acantilado existe un mirador
y una pequeña área de descanso
desde donde observamos los islotes de A Pilora,
Os Castelíos y el Castelo Rapao, más
erosionado por el mar. Aquí también
vemos el lavadero y el albergue de peregrinos
(antiguo matadero municipal). Continuamos la
ruta hasta el cabo Cebes, donde observaremos,
provistos de prismáticos, un gran número
de aves marinas, entre las que destacan los
zarapitos y el cormorán común.
Una vez contempladas las aves, seguiremos camino
hasta los lagos de Silva, creados a partir de
prospecciones auríferas de origen celta
y romano, y recubiertos por una exuberante vegetación.
Debido a las continuas explotaciones, el paisaje
sufrió importantes cambios, aunque todavía
se pueden contemplar las bocaminas, los canales
y las galerías que años antes
comunicaban con los acantilados marinos.
A continuación pasamos por Balmorto,
donde podemos visitar la ensenada de El Figo.
En este lugar se conservan algunas evidencias
del sistema defensivo del castro Castreda y
la famosa Fonte del Figo. El castro se compone
de dos zanjas de forma arqueada en los flancos
oriental y meridional visibles desde el caserío
de Balmorto. Aquí fueron hallados molinos
de grano y monedas romanas. También podemos
ver las ruinas del cementerio, que pertenecía
a la antigua parroquia de San Salvador de Salave,
cuyo origen más remoto fue el monasterio
de San Acisclo, fundado en el siglo X por Todisla
y situado en lo que hoy en día se conoce
como "la casa del cura".
Continuamos ruta hacia Salave pasando por el
llamado Campo del Hospital, cuyo nombre se debe
a que en el lugar existió un hospital
de peregrinos con el nombre de Santiago y Santa
Ana -por aquí transcurre el Camino de
Santiago-. En este lugar también se ubican
las antiguas escuelas de Salave.
Avanzamos ahora hacia la iglesia parroquial
de Santa María de Campos y Salave, de
estilo historicista, que presenta una sola nave
con torre campanario en cubierta piramidal.
En el interior se guardan interesantes retablos
barrocos y eclécticos, pertenecientes
los primeros a las viejas parroquias de Campos
y Salave, y el segundo, a la generosidad de
un hijo de Salave.
La iglesia fue construida por iniciativa indiana,
siguiendo el mismo estilo que el resto de los
templos de la comarca. En frente se alza un
quiosco de música realizado en piedra,
con columnas, balaustrada y cúpula, y
más adelante se levantan las antiguas
escuelas de Campos, ahora convertidas en centro
social.
Seguimos la ruta pasando por delante del palacio
de Santa María del Villar, en buen estado
de conservación, edificado sobre una
base del siglo XV y sometido a sucesivas ampliaciones
hasta el siglo XVII.
Una vez visitada la zona palaciega, continuamos
hacia Porcía, dirigiéndonos a
la playa con buenos accesos desde Campos, un
área de descanso y espléndidas
vistas de los islotes Dos Bois. Al oeste del
cargadero de mineral de hierro se hallan varios
riberos, como los de Salmueira y Peneidrada
(donde se perdió el Valkemburg el 23
de junio de 1928), recomendables para la pesca
submarina. En su parte más alta, el río
Porcía marca el límite con el
concejo de El Franco. Ya situados en Porcía,
podremos visitar la ermita de Los Remedios,
la casa del molino y la alameda, donde se celebra
una importante romería en septiembre.
Desde esta localización avanzamos por
Villargomil hacia La Roda y aquí tomaremos
la carretera de Sueiro, pasando por el pico
d'a Veiga. Seguiremos el trazado sin desviarnos
hasta llegar a La Veguina, lugar de gran riqueza
paisajística, donde podremos ver la iglesia,
las escuelas y el palacio Cancio-Donlebún.
Se trata de una edificación del siglo
XVII, con planta en forma de U y una finca alrededor,
cerrada por un muro de mampostería. En
el interior existe un cabazo estilo Mondoñedo
en buen estado de conservación. El acceso
a la vivienda se realiza por una escalera de
piedra. En el dintel de la puerta se observa
una inscripción en latín, y la
entrada principal de la finca luce el escudo
de armas de la familia. Cerca de este palacio
existe un puente romano de gran interés,
puesto que se encuentra en buen estado de conservación.
Desde el palacio de Cancio, en la zona conocida
como Jarén, continuaremos la ruta tomando
una pista hacia arriba que llega al Valle de
San Agustín, donde podremos visitar la
iglesia, una serie de molinos que bordean todo
el arroyo del Valle y los restos de un viejo
castro celta.
Del Valle de San Agustín pasamos a Acevedo
y a continuación al pico de Faro (254
m), donde podemos descansar visitando la capilla
de las Nieves, ermita restaurada hace pocos
años tras sufrir varios incendios. Desde
este lugar se pueden contemplar vistas panorámicas
de la costa occidental asturiana y parte de
la mariña lucense. Frente a este pico
está el santuario de los Santos Mártires.
Después de la breve parada, bajaremos
hasta La Roda, donde conoceremos edificios y
lugares tan emblemáticos como la iglesia,
las escuelas y la casa de Lomba, todos sufragados
con capitales reunidos en América. Las
escuelas presentan un cuerpo central y dos volúmenes
laterales, un aula para niños y otra
para niñas. En el eje de la construcción
se abre un vano semicircular que da acceso al
vestíbulo de entrada y a la biblioteca,
rematado por un cuerpo alto y curvilíneo
que incluye una cartela con la fecha de fundación,
en el año 1930. Los laterales repiten
el sistema de vanos; uno central curvilíneo,
más alto, entre dos adintelados más
pequeños. Ambos se encuentran rematados
por sendos frontones triangulares. También
en La Roda se debe visitar el Centro de Instrucción
y Recreo, lugar donde se reúnen los vecinos
y se celebran representaciones teatrales; y
su popular y hermosa plaza, en la que tenía
lugar una feria de ganados y comercio todos
los jueves hasta los años sesenta del
siglo XX.
De La Roda pasamos a Mántaras, donde
se puede visitar la iglesia y el campo de la
Paloma. Allí se erige la hermosa finca
de descanso La Carolina, centrada por una bellísima
ermita dedicada a la Virgen de la Soledad en
su advocación de la Paloma y construida
por el ilustre tapiego Fernando Pérez
Casariego en el último tercio del siglo
XIX.