Los vestigios más antiguos de los primeros
asentamientos en el concejo de Tapia se documentan
a partir de más de una decena de castros
habitados por los cibarcos, en el eje del río
Porcía, tales como el castro de Esteiro
(a 2 Km de distancia y al oeste de la capital)
y los de Tapia. De las explotaciones mineras
llevadas a cabo por los romanos, que se debieron
de iniciar en el siglo I, se mantienen las minas
de los Lagos de Silva (parroquia de Salave).
De la Edad Media, al incluirse el concejo de
Tapia en la ruta costera jacobea, se sabe que
hubo un monasterio, Santa Coloma, situado cerca
de la desembocadura del Porcía, y citado
por Alfonso III en el 905; y un hospital para
pobres, de dudosa fecha de fundación.
En la aldea Hospital, como su nombre indica,
existió una hospedería de peregrinos
que se mantuvo abierta por lo menos hasta el
año 1772 y cuyos patrones son Santiago
y Santa Ana.
Tapia de Casariego
El
eje vertebrador de la villa de Tapia de Casariego
es la plaza de la Constitución, conocida
con el nombre de El Parque. Dentro del más
puro estilo racionalista, este espacio rectangular
actúa como zona central de la localidad,
al levantarse en su entorno el Ayuntamiento,
el Instituto y las escuelas; la plaza, además,
se completa con un típico conjunto de
casas populares, de menores dimensiones. En
el centro se alza la estatua del primer marqués
de Casariego, don Fernando Fernández
Casariego y Rodríguez Trelles (Tapia,
1794 - Madrid, 1874), fundador del concejo de
Tapia de Casariego y de las obras reseñadas.
La escultura en bronce y de cuerpo entero del
marqués se alza sobre un alto pedestal
volumétrico de piedra que adosa en sus
laterales el escudo del marquesado, una figura
alegórica y la inscripción dedicatoria.
Fue realizada en 1930 por el artista asturiano
Arturo Sordo Álvarez.
Los tres edificios que rodean El Parque fueron
proyectados según planos de Juan María
Yáñez Caballero y realizados a
partir de 1863. Presentan planta baja y uno
o dos pisos con espacio central porticado por
tres arcos de medio punto, que da acceso a una
portada, también de medio punto, abierta
a un pasillo central. Tras éste, en el
Ayuntamiento y las escuelas se accede a la parte
trasera, y en el Instituto a un patio central
porticado desde el que se ingresa en las distintas
dependencias. El efecto colorista proporcionado
por la alternancia de la piedra y el blanco
revoque es el característico del occidente
asturiano.
Las fachadas de los edificios del Ayuntamiento
y del Instituto conforman un conjunto de arquitecturas
neoclásicas. Están formadas por
tres cuerpos, de los que sobresalen los centrales,
formados en el piso bajo por arcadas de medio
punto sobre gruesos pilares; un vano, también
de medio punto, entre dos grandes ventanales
adintelados y separados por pilastras, en el
primer piso, coronado con entablamento dórico;
y una cartela con pináculos en el remate,
con la inscripción del año de
fundación. Los medallones de la Exposición
Universal de París de 1878, a la que
fueron presentados los proyectos arquitectónicos,
recuerdan el diploma y la medalla de bronce
concedidos a la traza y ejecución de
los edificios.
Los tres vanos del cuerpo central del Ayuntamiento
y de las escuelas se corresponden, en el interior,
con sendos salones de actos.
El Instituto, de planta rectangular, se articula
en torno a un patio interior cuadrado, con dos
pisos de tres arcos de medio punto en cada lado
y con galerías de tránsito. Si
bien en un principio se había pensado
en un hospital, se optó por un Instituto,
que fue inaugurado como tal en el año
1867. No obstante, a lo largo del siglo XX se
le aplicaron diversos usos, e incluso llegó
a ser colegio de PP. Agustinos, hospital durante
la guerra, residencia, seminario, hasta que
finalmente, en 1953, recuperó su función
original.
El edificio de las escuelas, que se abrieron
en el año 1884, además de su función
docente, desde 1881 y por indicación
del marqués, se destinó a Círculo
de Recreo.
Continuar
Leyendo